Ayer fue la fiesta de despedida de mis amigos – y casi hermanos – Mauricio y Brittney. Aunque siempre he sabido que llegaría el día en el que Dios les enviaría a otro país, nunca me había parado en pensar en como su ida me afectaría. Lo que es más, siempre asumí que Dios me habría enviado a mí a otro sitio antes de que se fuesen ellos. Nunca pensé que yo sería la que “me quedaría atrás”.

Conocí a Mau hace doce años cuando él todavía no conocía a Cristo (ni a su esposa Brittney), y era un simple estudiante más de los cientos que vienen a estudiar a Madrid. Tuve el gran privilegio de verle llegar a los pies de Cristo y aunque él dice que yo fui su líder de jóvenes, la verdad es que estoy totalmente segura de que yo he aprendido más de él de lo que él aprendió en su día de mí. Ahora, casi doce años más tarde, ha llegado el momento para que se vayan y hoy, conforme les estábamos despidiendo, me llené de un temor santo de olvidar todo lo que he aprendido de ellos. No podía evitar preguntarme a mí misma si al no tenerles cerca me olvidaría de lo que he visto en ellos y de lo que tanto me ha retado. Así que, quiero aprovechar esta entrada de blog para “poner sobre el papel” eso que no quiero olvidar y espero que estas palabras escritas puedan ser de bendición y reto para alguien tanto como verlo vivido ha sido para mí.

1. Si Dios dice algo, no hay que dudar, hay que caminar.

A la mayoría de las personas – y yo me incluyo – nos gustan las confirmaciones. Si Dios dice algo a nuestro corazón, queremos una palabra profética, un arcoiris en el cielo y si no puede ser una visión con ojos abiertos, por lo menos un sueño en la noche para confirmar lo que hemos sentido. Cuando Mau oye algo de Dios, no necesita confirmación, obedece y se pone a caminar.

Mau llevaba menos de unos meses de haber conocido al Señor cuando comenzó a orar y a preguntarle a Dios: “Dios ¿a quién quieres que predique? ¿dónde quieres enviarme? ¿a qué país quieres que vaya?”. Al poco tiempo Dios le habló y le confirmó que en un futuro, acabaría enviándolo a Turquía. Desde la primera vez que Dios le habló de Turquía, Mau comenzó a orar y a ahorrar. De hecho, tenía todo el dinero ahorrado y durante años estaba simplemente esperando que Dios dijese “¡ya!”.

En otra ocasión sintió que Dios le estaba hablando de apartarse y buscarle, así que ¿qué hizo? La mayoría de nosotros nos despertaríamos pronto uno o dos días ¡quizás hasta una semana! pero Mau no. Él había escuchado de Dios e iba a obedecer. Canceló toda su vida social y dejó todo a un lado por buscar más de la presencia de Dios. Salía del trabajo todos los días, apagaba el teléfono y se metía a buscar a Dios. ¡Todos los días durante meses! ¿porqué? Porque Dios habló y punto. No hace falta confirmación, no hace falta sentirlo, solo hay que obedecer.

2. Lo eterno es eterno y lo temporal es temporal.

Algo que siempre me ha encantado tanto de Mau como de Bri es que viven Mateo 6:33 con todo su ser.  Buscan primero el Reino de Dios y esperan que todo lo demás sea añadido. Tantas de nuestras excusas con el Señor se deben a que seguimos queriendo un tesoro terrenal. Seguimos queriendo aceptación, popularidad, posesiones, renombres, diplomas y se nos olvida que “el cielo y la tierra pasarán” y que “el reino es inconmovible”.

Cuando Mau sintió fuertemente el dedicar mucho tiempo a buscar a Dios, no tuvo en cuenta su vida social ni pensó: – “si no paso tiempo con mis amigos estos meses, ¿qué pasará después? ¿seguirán queriendo estar conmigo?”. ¿Porqué? Porque sabía que lo que invirtiese en lo secreto era para siempre.

De la misma manera, cuando Bri (la esposa de Mau) sintió el llamado al medio oriente (antes de conocer a Mau), Dios le preguntó “Bri ¿estás dispuesta a ir con la cabeza tapada todos los días durante el resto de tu vida?”. Bri dijo que sí al llamado de Dios ¿porqué? Porque sabe que no se trata de su comodidad temporal ni de sus temores momentáneos, sino que se trata de algo eterno.

3. Sumisión y honra

A pesar de ser un líder increíblemente fuerte y de tener una amistad tan estrecha con el Espíritu Santo, Mau sabe caminar debajo de otros líderes, servirles y honrarles. Cuando se abrieron las puertas para que fuesen a Turquía de manera indefinida, su primera respuesta fue “tenemos que hablar con el equipo pastoral de nuestra iglesia”. Nunca usa como excusa “a mí Dios me dijo tal cosa, lo voy a hacer y no me importa lo que me digan”. Sabe escuchar del Espíritu Santo y al mismo tiempo respetar las voces que Dios ha puesto en su vida.

Y ahora, con Mau y Bri mudándose a cientos de kilómetros, me encuentro preguntándome a mí misma: – Jaz ¿correrás con lo que has aprendido? ¿responderás al llamado de vivir para lo eterno? ¿responderás al llamado de obediencia sin excusas? y la verdad, es que aunque se que estoy creciendo, también se que me queda un largo recorrido por delante. Solo espero algún día poder ser el ejemplo que ellos han sido para mí y en un futuro poder escuchar la dulce voz del Padre susurrándome “Jaz, mi niña, bien hecho sierva fiel”.

Si quieres más información acerca de lo que Mau y Bri van a estar haciendo en Turquía, si sientes llamado al medio oriente o si te gustaría ser parte de su equipo entra en http://preciosasangre.org/