El llamado a la oración

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Hace unos días aterricé por primera vez en un país musulmán. Al bajarme del avión la primera cosa que vi fue un pequeño grupo de mujeres, totalmente tapadas, arrodilladas en el aeropuerto orando hacia la Mecca.

Durante los últimos días, varias veces al día, oigo el llamado a la oración. A las cinco de la mañana empieza a sonar desde la mezquita un llamado fuerte al que cientos de personas responden, poniéndose de rodillas y orando a su dios. No importa donde estén, en qué estén pensando o si les apetece o no, responden al llamado a la oración. Esto me ha llevado a preguntarme a mí misma, cómo sería la iglesia mundial, si todos los cristianos del mundo orasen cinco veces al día, proclamando que Jesús es el Señor.

La verdad es que podría escribir este blog y hacernos a todos sentirnos culpables por nuestra poca oración o podría escribir y retarnos a todos a orar tan a menudo como oran los musulmanes. Pero el cristianismo no se trata de eso. No se trata de orar porque tenemos que hacerlo o porque una iglesia nos dice “es tiempo de orar ¡para lo que haces y ora!”. De hecho, esto es lo que nos diferencia a nosotros de ellos. Todas las religiones del mundo intentan agradar a su Dios y perfeccionarse a sí mismos, pero nuestro Dios – el único y verdadero – supo que nunca podríamos cambiarnos y que no podríamos hacer nada para agradarle, así que se hizo hombre y murió, no para que orásemos cinco veces al día como acto religioso, sino que para que tuviésemos una relación de amistad y amor con Él. No se trata de obligarnos a buscarle, se trata de buscarle como respuesta a que él nos amo primero. No oro porque tengo que hacerlo, oro porque quiero conocerle más y porque quiero estar con Él. Al fin y al cabo, fuimos creados para tener una relación íntima con el creador.

Ahora que llevo varios días aquí, oyendo el llamado a la oración día tras día, me he empezado a preguntar a mí misma: Jaz, ¿cómo sería tu amistad con Dios si respondieses a Su llamado a la oración? A diferencia del pueblo musulmán, Dios no me llama a buscarle cinco veces al día, siempre al mismo tiempo y con las mismas palabras, sino que a lo largo del día susurra en mi oído “ven a pasar un tiempo conmigo” o “ey, estoy aquí” o pone una pequeña semilla de hambre en mi interior – un pequeño algo que anhela encontrarle más y estar con Él. Lo bueno del Cristianismo es que me ha hecho libre para buscarle cuando yo quiera, lo malo del Cristianismo, es que me ha hecho libre para buscarle cuando yo quiera…y muchas veces no quiero.

Al igual que el pueblo musulmán que responde al llamado sin importar lo que están haciendo o donde están, Dios nos llama a orar y muchas veces (por no decir todas), no tiene en cuenta si estamos en el aeropuerto, en el trabajo, si nos apetece, si teníamos otros planes o si estamos dormidos. Nos llama a estar con él, no como obligación sino como invitación y como hijos, estamos aprendiendo a responder a Su llamado a la oración. Estamos aprendiendo a dejarnos cautivar y enamorar más y más por Él. A dejar a un lado nuestro espíritu independiente y dejar que Él sea el que organiza nuestro horario.

No se tú, pero yo quiero responder a Su llamado a la oración. Quizás no podamos responder a este llamado en medio del trabajo  como lo haríamos en casa o quizás no podamos responder a las cinco de la mañana como lo haríamos a las once, pero si él nos llama, tiene que haber una forma de responder. Quizás sólo sea con una pequeña respuesta:
– “Ey, estoy aquí” – te dice tu amante.
– “Hola Señor, aquí estoy….gracias por llamarme por nombre” – contesta tu espíritu, en medio del ajetreo del día – “Gracias por hacerme libre para escogerte, libre para amarte, libre para responder al susurro de tu voz”.

Un héroe anónimo

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Hace años Dios me permitió empezar a invertir en algunas regiones con iglesias perseguidas, es una de mis pasiones poder ser parte de edificar a la novia de Cristo y ver como esta se levanta sin mancha y sin arruga en tantas naciones del mundo.

Hace varias semanas volví de uno de estos países y varios me han estado pidiendo que escriba y comparta como me fue. Tras varias semanas de estar pensando en qué escribir, he decidido contar la historia de la hermana Mai.

Mai perdió a su marido cuando su hija más pequeña tenía apenas cuatro meses, no tenía familia en la región y en estos países no hay ninguna ayuda gubernamental para mujeres viudas – de hecho ni siquiera existe trabajo para mujeres. Rápidamente se puso manos a la obra y empezó a vender sopa de fideos en la calle, al poco tiempo pudo comprar un pequeño terreno en medio de la selva. Con el paso de los años pudo comprar aun más terreno y décadas más tarde alguien vino tocando a su puerta queriendo alquilar su terreno. Poco a poco, más y más granjeros llegaron a esta región y hoy el terreno de Mai está lleno de cultivos.

Tengo que admitir que aunque sí quería ir a ver su terreno y aunque sí había escuchado buenas cosas acerca de esta mujer, nada me podría haber preparado para esta visita.

Después de estar ministrando tres días, un hermano de la iglesia vino a recogerme en su pequeño moto/taxi y nos dirigimos hacia la salida de la ciudad. Condujimos varios kilómetro hasta llegar a unos caminitos de tierra. Después de pasar varios kilómetros por estos caminos, llegamos a lo que nos indicaron como la tierra de la hermana Mai. Todavía en el taxi, condujimos kilómetros y kilómetros, pasando entre cultivos de verduras, flores y fruta hasta llegar a una pequeña casa al final del camino.

Cuando me bajé del pequeño taxi y puse mis pies sobre la tierra, automáticamente sentí la presencia de Dios. Mai – que ahora tiene 74 años – vino corriendo hacia nosotros y nos abrazó, sus ojos brillaban con su pasión por Cristo y empezó a hablar a mil por hora. Aunque sólo nos podíamos comunicar con un traductor, ella me cogió de la mano y empezó a llevarme a ver sus instalaciones. En los últimos años, había mandado construir una pequeña cocina para poder alimentar a unas doscientas personas, había puesto un pequeño tejado sobre asfalto para que un número similar se pudiese sentar en el suelo y escuchar el mensaje de Dios y había puesto unas 4 letrinas (los cuales ella insiste en limpiar durante los eventos)….no paraba de contarnos todos sus sueños e ideas para seguir construyendo.

Lo increíble de la hermana Mai es que aunque ahora es una de las mujeres más ricas de la ciudad, nos enseñaba su terreno con su camiseta agujereada y con sus manos sucias de trabajar la tierra. Con cara reluciente, nos llevó a la pequeña habitación donde duerme en el suelo mientras nos contaba todo lo que iba a hacer en su terreno: -“sólo hemos visto el comienzo de un avivamiento” – Dijo Mai – “y tenemos que tener más sitio para todos los que van a conocer a Cristo”. Mientras nos daba su guía turística, la dije “hermana Mai, ¿usted se da cuenta de lo fuerte que está la presencia de Dios aquí?” – “Sí” contestó ella “cuando tenía mis cuatro niños pequeños y sólo teníamos unos metros de este terreno, pasó por aquí una misionera buscando sitio donde quedarse. La dejé dormir aquí en mi terreno y todas las mañanas mientras estuvo aquí, se despertaba y clamaba por la tierra, pidiéndole a Dios que fuese un lugar de avivamiento”. Nos llevó al lugar donde apenas unos meses antes, casi 30 jóvenes habían dado sus vidas a Cristo tras tener visiones del cielo y del infierno. La presencia de Dios era tan fuerte en este lugar, que mi cuerpo literalmente no sabía como reaccionar, me encontré a mí misma riéndome y llorando, de pie y luego de rodillas. Verdaderamente era un lugar santo.

Dios trajo una fuerte convicción a mi vida a través de la visita a este terreno. Cuántas veces vivo preocupada por finanzas o calculando lo que me podré comprar el mes que viene y esta mujer – con su camiseta agujereada – no paraba de sonreír mientras hablaba de como “el mes que viene cuando me llegue el siguiente dinero, podemos extender esto por este lado…miles le van a conocer aquí”. Pude ver en primer plano lo que significa “buscar primeramente el reino de Dios” y ver como todo lo demás es añadido. Esta mujer supo, no sólo vivir con las manos abiertas, dando todo al Rey, sino también honrar la presencia de Dios sobre todas las cosas.

Quizás ahora duerma en el suelo, con unas pocas camisetas; quizás limpie letrinas durante los eventos evangelísticos y se ensucie las manos, pero tiene una corona mucho más grande de lo que jamás podremos ver en este lado de la eternidad. Ella ha entendido que verdaderamente todo se trata de Él. Hay un precio que merece la pena ser pagado para realmente honrar Su presencia – cuesta todo. Cuesta nuestra comodidad, cuesta nuestra energía, incluso cuesta nuestras dudas. Mai podría haberle reclamado a Dios la vida de su marido, pero en vez de ahogarse en auto-lástima, extendió su mano, soltando sus preguntas y dándolo todo al Rey. El único digno de gloria.

Dejándole ser rey de nuestro tiempo

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El otro día paré en una gasolinera con mi amigo Andy. Al entrar Andy empezó a hablar con la mujer que estaba detrás del mostrador – “¿Qué ha pasado con su nieto?” – le preguntó Andy. El rostro de la mujer cambió cuando reconoció a Andy. Se le pusieron los ojos como platos y dijo: – “¡No te lo vas a creer! Los médicos le abrieron y no han encontrado nada. Su corazón está perfecto. Ha sido un miagro del cielo ¡se que lo ha sido!”.  A continuación, la mujer salió de detrás del mostrador y empezó a enseñarnos fotos en su celular de un precioso bebé recién nacido. Andy y esta mujer terminaron su conversación, se dieron un abrazo y salimos de la gasolinera.

Una vez en el coche, Andy empezó a contarme toda la historia. Dos semanas antes, Andy había parado en esta misma gasolinera con otro amigo. Mientras pagaban por la gasolina, no pudieron evitar escuchar la conversación entre la mujer de la gasolinera con su compañera de trabajo: -“¡Que dolor de espalda tengo hoy!” – dijo esta mujer. Andy miró a su amigo y su amigo le dijo en voz baja: – “Andy, ¡no tenemos tiempo! sabes que ya llegamos tarde”. Pero Andy no pudo resistirse: -“Perdone” dijo Andy a la mujer que estaba detrás del mostrador – “somos Cristianos y hemos visto como Dios ha sanado a mucha gente en el pasado. ¿Te importaría si oramos por su espalda?”. La mujer se quedó mirándoles fijamente y dijo. “La verdad, prefiero que oréis por mi nieto. Acaba de nacer y tiene muchos problemas de corazón. Mañana le van a operar para intentar hacer un arreglo temporal, pero igualmente va a necesitar un transplante”. Los dos chicos procedieron a hacer una oración rápida y salieron de la gasolinera.

Al entrar en el coche, el amigo de Andy le dijo: – “Andy, perdóname. Por andar con prisas yo no quería parar y orar, pero esta oración no ha tardado ni cinco minutos y quien sabe lo que puede haber hecho”. A penas dos semanas después tuve el privilegio de ver la respuesta de Dios a estos tres minutos de oración. El niño quedó totalmente sano, los médicos quedaron sorprendidos y esta mujer – que todavía no conoce a Dios – estaba dándole toda la gloria a Dios y admitiendo que fue un milagro del cielo.

Tantas veces vamos con prisa y “no tenemos tiempo” para mirar a nuestro al rededor y ver donde es que Dios se está moviendo ¿Qué pasaría si cediésemos nuestras agendas y horarios? ¿Qué pasaría si diésemos sólo tres minutos al día para traer el reino de Dios a la tierra? La mayoría de nosotros, creamos tiempo en nuestras agetreadas agendas para “tener nuestro devocional” (pasando tiempo con Él por la mañana o por la noche antes de dormir) pero no somos campaces de dejar que Él sea el dueño de nuestro tiempo a lo largo del día. Muchos le damos nuestra vida, pero nos cuesta darle nuestro tiempo.

Quiero retarte a ti – y retarme a mí misma – a parar, mirar y amar a la gente a nuestro al rededor. Sin horarios, sin agendas y sin intenciones más allá que amar y traer el reino de Dios a la tierra. Al fin y al cabo, si buscamos primero su reino, todas nuestras preocupaciones y “que-haceres” serán añadidos por Él. (Mateo 6:33)

El éxito es la obediencia

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(Si no has leído la entrada anterior titulada “Rindiéndonos al amor” te lo recomiendo antes de seguir leyendo)

Muchos de nosotros – por no decir todos – somos culpables de juzgar el éxito de la gente que nos rodea basado en sus hazañas. Por ejemplo: vemos a un abogado y pensamos “es exitoso” basado en la cantidad de dinero que gana y en la cantidad de trabajo que tiene o vemos a un evangelista y juzgamos su éxito conforme a la cantidad de almas que lleva a Cristo.

En Mateo 19 tenemos la historia de un hombre que viene a Cristo preguntándole “qué tiene que hacer para entrar al reino”. Jesús, sabiendo la situación del hombre – sabiendo que era bueno y que cumplía los mandamientos – le pidió que vendiese todo y que se lo diese a los pobres. El hombre se entristeció y se fue cabizbajo, incapaz de poder hacer lo que Jesús le había pedido.

La verdad es que en los ojos de la gente de este tiempo, este hombre era extremadamente exitoso, no sólo por su situación económica y laboral, sino porque seguía los mandamientos. No obstante, no vivía 100% rendido.

En el reino de Dios todo funciona al revés. Por ejemplo: en el mundo si alguien te hace daño, tú tienes el derecho de devolvérselo y si alguien te hace mal, no tienes porque perdonarles, pero en el reino es al revés. De la misma manera, en el mundo si alguien tiene fama (¡ojo! incluso fama dentro de un contexto cristiano como “ministro”), dinero o posiciones, es considerado exitoso. Pero en el reino de Dios, el éxito es la obediencia.

Vamos a pensar en un contexto Cristiano. Cada uno tenemos los cinco panes y dos peces que Dios nos ha dado (cada uno con nuestros propios talentos y dones), y lo lógico sería pensar que somos exitosos si Dios escoge multiplicar nuestros panes y peces.  De echo suele ser como juzgamos el éxito de nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Miramos a ver si Dios les está usando y juzgamos su éxito en relación a eso.

Aunque es verdad que si habitamos en Él nuestras vidas darán fruto y que nos conocerán por nuestros frutos; Y aunque es verdad que si somos fieles con lo poco, sobre mucho nos pondrá. También es verdad, que a los ojos de Dios nuestra rendición completa a Él es éxito en el reino.

Cuando yo vengo delante de Él y pongo a su disposición mis talentos y él escoge usar los talentos de mi hermano en vez de los míos. Yo estoy siendo exitosa, porque estoy viviendo en rendición.

Nuestro trabajo diario consiste en dos cosas:
1. Dejarnos ser amados por Él.
2. Rendirnos a Él.

Rindiendonos al amor

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Solemos pensar en el término “rendición” o “entrega” como algo negativo. Lo hemos visto en las películas miles de veces, los débiles son los que sacan la bandera blanca en las guerras en señal de rendición y los fuertes son los que nunca, ¡jamás! se rinden.

Llevo unos años dándole vueltas al echo de que realmente no entendemos que Dios es amor y por lo tanto nos da miedo rendirnos. No estamos seguros de lo que va a hacer. El no saber el futuro, el no saber si nos va a pedir que dejemos nuestros trabajos o que vayamos a otro país o que hagamos el ridículo delante de nuestros seres queridos, nos pone nerviosos. Pero, ¿y si realmente es quien dice que es? ¿y si es amor y todo lo que nos pide es bueno?

El reino de Dios funciona al revés que el reino natural. En el reino de Dios, la rendición es positiva. Yo me rindo para que Él gane, yo me rindo para que Él me haga fuerte, yo me rindo para que Él sea glorificado. En el mundo la rendición es despreciable pero en el reino hay belleza y victoria en completa rendición…porque Él es amor.

La realidad es que cuando nos rendimos – diariamente más y más – no nos estamos rindiendo a una persona con un plan egoísta, nos estamos rindiendo al amor y cada vez que nos rendimos, cada vez que le decimos de corazón “aquí estoy, haz lo que quieras, envíame a mí”, estamos permitiendo que él nos revele las profundidades de este amor. Verdaderamente Él está “por nosotros y no en nuestra contra” y cualquier plan que tiene para nosotros no es sólo mejor para el reino, sino que a la larga es mejor para nosotros.

Así que, hoy, mientras te rindes más a él, recuerda que no te estás rindiendo o entregando a una persona terrenal. Te estás rindiendo a una persona cuyo nombre es amor.

Amistad real vs. emociones

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¿Qué ocurre cuando vives al 100% una amistad con Cristo!

Del 18 de febrero al 3 de marzo estuve en Colombia con un equipo de músicos de España. Cada noche (y muchas mañanas) estuvimos ministrando en diferentes sitios y aunque cada reunión fue diferente, todas tenían algo en común: Dios nos habló como un amigo cercano, dirigiendo cada momento.  Pudimos experimentar qué es lo que sucede cuando lo pones todo en Sus manos.

En una reunión le pregunté:
– Espíritu Santo, Cristo: ¿hoy qué quieres hacer?  y contestó: – “quiero que alabéis y enseñéis con vuestro ejemplo lo que es tener una amistad conmigo y pasarlo bien conmigo”.  Y eso fue lo que hicimos. En otra ocasión, Él habló y dijo: “quiero sanar estómagos y problemas de espalda”

En otra ocasión específica, le pregunté:
– “Dios, ¿qué quieres hacer?” y Él contestó: – “quiero sanar corazones”.

Tengo que admitir que mi reacción inicial fue:
– “¡noooo! Dios, ¡eso no!”.

¿Por qué reaccioné así? Por dos razones. La primera, es porque sé que la música puede ser algo muy emotivo, las canciones rápidas nos hacen saltar; las lentas nos hacen llorar y no quiero en ningún momento usar la música como método de manipulación emocional. Anhelo fervientemente que la alabanza no sea un método para jugar con las emociones, sino que realmente podamos aprender a estar en Su presencia y seguirle a Él. Llorar cuando es tiempo de llorar, reír a carcajadas cuando es tiempo de reír, tirarnos postrados, saltar, cantar a voz en cuello y también estar en silencio. La segunda razón por la cual reaccioné así es porque como latinos -e incluyo también a los españoles-, muchas veces tendemos a ser muy emocionales y a reaccionar en la presencia de Dios con lágrimas y luto en vez de con gozo y paz. Una de mis pasiones personales es enseñarle a la iglesia de Cristo lo divertido, personal y … gracioso que es Dios. Quiero que aprendamos a ver todas las facetas de nuestro padre.

Cuando empecé a quejarme y le dije:
– “¡Noooo! Dios, ¡eso no!”
Él contestó: “Sí, pero no te preocupes, lo voy a hacer a mi manera, de forma organizada y ordenada”.
– “Ok, Dios, si es a tu manera entonces sí”,  contesté yo.

Durante el siguiente tiempo en su presencia diferentes personas pudieron perdonar, pudieron dejar que Dios soplase con su dulce espíritu sobre las heridas de sus corazones, y sin un gran llanto y sin un gran drama (incluso sin un llamado), la gente fue libre. Después de la reunión hubo testimonio tras testimonio de la libertad que Su presencia había traído.

Estas dos semanas en Colombia fueron un ejemplo tan claro de lo que puede pasar cuando dejamos que Él dirija todo y de lo que pasa cuando tenemos una amistad con Él. En su presencia verdaderamente hay sanidad, tanto física como emocional. En su presencia hay gozo, hay libertad, hay invitaciones a entrar a niveles más profundos de amistad con Él, hay salvación y hay paz.

Cristo dijo “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor; pero os he llamado amigos, porque os he dado a conocer todo lo que he oído de mi Padre” (Juan 15:15). Aunque en este versículo en particular Cristo está hablando con sus doce discípulos, creo que es una realidad para cada uno de los que hemos rendido nuestras vidas a Sus pies. Ya no somos esclavos, somos amigos y Él está anhelando guiarnos como un amigo cercano.

La primavera está llegando

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enía otra cosa en mente para el siguiente post en mi blog, pero sucedió algo hace unos días demasiado bueno para no compartir.

Hace tres días entré a una tienda con una amiga con el propósito de recibir una palabra de parte de Dios para la mujer que estaba trabajando allí. Después de dar una vuelta y mirar los artículos de la tienda, ninguna de las dos teníamos una palabra fuerte para ella, pero sentimos decirla que nos gustaba su corazón de Madre. Así que, cuando fuimos a salir de la tienda y ella nos dijo su “gracias por venir” habitual, nosotras la contestamos “antes de irnos, sólo queríamos decirte que somos creyentes y que nos encanta el corazón de madre que tienes”. De repente se le pusieron los ojos como platos y dijo:

– ¿Hacéis reiki?
– No – contestamos nosotras – preferimos movernos con el Espíritu Santo.
– ¡Ah! pues deberíais probar reiki – dijo ella – no se opone al Espíritu Santo y puede que funcionen bien juntos.
– Um…¿pues qué te parece si oramos por ti y así puedes sentir al Espíritu Santo y comparar los dos a ver que te gusta más?
– ¡Vale! – dijo ella – ¿qué tengo que hacer?

Oramos por ella y empezó a sentir el calor de Dios. Nosotras la explicamos, que cuando sientes la presencia de Dios, siempre está saturado de Su amor, porque Dios es amor. Luego la preguntamos si tenía problemas de espalda a lo que sorprendida, dijo que sí. Pudimos orar por su espalda ¡y fue totalmente sanada! Después nos preguntó:

– ¿Cómo sabíais que tenía problemas de espalda?
– Bueno – contestamos nosotras – hablamos con Dios y Él nos lo dijo.
– Ah – dijo ella – ¿podríais preguntarle como se llama mi angel de la guarda?
– Bueno, podríamos preguntárselo – dijimos nosotras – pero una vez que tienes una relación con Dios, no te importan los ángeles. Sabes que están allí, pero estás tan enamorada de Dios que no te molestas en hablar con los ángeles. Sería como hablar con un perro cuando tienes un amigo delante.
– Uff – contestó ella – yo he pensado en hablar con Dios pero me da mucho miedo.
– Sí, Dios da mucho miedo – dijimos nosotras – pero es porque es perfecto. Nosotras no podríamos hablar con Dios si no fuese por Cristo.

Luego proseguimos a explicarla como todos somos pecadores y necesitábamos un intermediario para poder acercarnos a Cristo. La dijimos que Dios tuvo que hacerse hombre para que nosotros pudiésemos conocerle.

– ¿Sabes cuál es la diferencia entre todas las religiones del mundo y el Cristianismo? – la pregunté – En todas las religiones del mundo te estás esforzando para agradar a un Dios o para cambiarte a ti mismo, y el Cristianismo es la única religión del mundo que admite que nunca podremos. Otras religiones se esfuerzan para alcanzar a alguien, pero Dios se hizo hombre y vino al mundo para alcanzarnos a nosotros.
– Wow – dijo ella – nunca lo había pensado así, pero ¡es verdad! ¿qué tengo que hacer para conocer a Cristo?

Pudimos decirla que tenía que pedir perdón por sus pecados y aceptar a Cristo como salvador. La dimos un evangelio, oramos con ella y la dimos nuestro teléfono. ¡gloria a Dios!

Quería contar esta historia, no sólo para celebrar una gran victoria y una fiesta en el cielo, sino también porque creo que es un testimonio más de que es el tiempo para España. Estamos empezando a ver los brotes verdes de la primavera. Cosas que han sido profetizadas y declaradas durante años están empezando a suceder; cosas que yo honestamente pensé que igual, si Dios era muy muy bueno, mis hijos o nietos podrían algún día ver….¡y lo estamos viendo ahora!

Tenemos el mandato de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Puede sonar como una misión muy grande, pero no lo es. El verbo “ir” en el Griego original, no se refiere tanto a “hacer las maletas y salir a otro país” sino que es “mientras vas”. Mientras vas a clase trae el reino, mientras estás en el trabajo, mientras cenas con la familia…mientras vas a una tienda, predica el evangelio a toda criatura.  “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.  Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies” (Mateo 9:37 y 38).

Buscando a los tesoros de Dios

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La semana pasada tuve el privilegio de dar un seminario en Barcelona sobre el evangelismo y la sanidad. Di una pequeña charla sobre cómo orar por enfermos y una pequeña charla sobre como hablarle a la gente sobre su necesidad de un salvador y sobre la cruz, sin condenarlos.

Después oramos y nos llenamos de más de Su presencia para así salir y buscar a gente en la calle. Antes de salir, nos gusta pedirle a Dios que nos enseñe por quién orar. Algunos sintieron encontrar a gente con ciertos problemas físicos, otros vieron cosas específicas como “una señora con un bolso rojo” o “alguien con un paraguas en la mano”, etc. Un hombre que asistió al seminario, tuvo una visión del número 54. No sabía si era una matrícula de coche, el número de la casa, un logo en una camiseta…sólo sabía que tenía algo que ver con el número 54. Nos dividimos en grupos y salimos en busca de gente a la que hablarle de Cristo. Este hombre, fue con un compañero en busca de algo que tuviese que ver con el 54. Su compañero había apuntado “alguien con un problema emocional”. Después de 40 minutos sin encontrar nada, decidieron meterse en una cafetería para tomar un café.

Estaban tranquilamente hablando cuando de repente, uno de ellos dijo “¡mira el reloj! son las 5:20 (una mano del reloj señalando al 5 y la otra mano señalando al 4). Justo debajo del reloj había un grupo grande de hombres viendo un partido de fútbol en la televisión. “¿qué hacemos? hay un montón de gente…”. Decidieron orar. Después de orar, sabían con quién tenían que hablar. Uno de los hombres fue resaltado por el Espíritu Santo y ahora, sólo tenían que esperar al momento perfecto. Al poco tiempo, el hombre se puso de pie y salió a fuera, éstos le siguieron fuera y le contaron toda la historia:

– Perdona – le dijeron – hace unos minutos estábamos orando sobre con quién hablar y por quién orar y Dios nos enseñó un 54, y tú estabas justo debajo del reloj que mostraba y 5 y el 4. Dios nos dijo que nos encontraríamos con alguien que tendría problemas emocionales ¿tienes algún problema emocional?

– Sí – contestó el hombre asombrado – de hecho mi mujer me acaba de dejar y antes de ayer se murió mi abuela…

El hombre estaba totalmente asombrado. No dejó de decir “estoy temblando…no se qué decir…me estáis dejando…wow…”. Pudieron orar por él, darle su información de contacto y compartir con él el amor de Cristo.

Algo que no dejará de asombrarme nunca, mientras tenga vida, es el hecho de que nuestro Dios es tan grande, inmenso, potente y poderoso, pero se preocupa por cada persona pequeña y diminuta. Ama tanto a la gente que moviliza a Su cuerpo para ir y buscar a las ovejas perdidas, aunque sólo sea para decirles “te veo…te amo…te conozco por nombre”.

Aunque este hombre al que encontraron y ministraron, no dio su vida a Cristo (todavía), una semilla fue sembrada y regada, y el crecimiento y fruto será para gloria y honra de Su precioso nombre.

“Por la palabra del Señor fueron creados los cielos, y por el soplo de su boca, las estrellas.Él recoge en un cántaro el agua de los mares, y junta en vasijas los océanos…Él es quien formó el corazón de todos, y quien conoce a fondo todas sus acciones.” Salmo 33:6-15

Celebrando la cosecha

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Llevo un tiempo pensando en la siembra y la cosecha. Dios nos dio el ejemplo de que el reino funciona así: algunos siembran, otros riegan, otros cosechan, pero Dios es el que da crecimiento.

Lo que he estado pensando durante los últimos meses es lo siguiente: necesitamos tener la cosecha en mente. El saber que viene una cosecha, es lo que al fin y al cabo, nos lleva a sembrar y a regar, pero a veces glorificamos y alabamos la cosecha e ignoramos el hecho de que para que hubiese una cosecha, alguien tuvo que sembrar y regar. El olvidarnos de celebrar la siembra es lo que muchas veces nos lleva a cansarnos.

Ayer por la noche, una de mis compañeras de casa vino a preguntarme sobre mi horario de hoy, ya que quería coordinar quien iba a usar el baño y cuando (somos cuatro chicas compartiendo un baño). Yo me ofrecí para entrar al baño a las 7:30 de la mañana. Automáticamente puso cara de preocupación y dijo “um….esto significa que yo me tendré que despertar a las 6:30…”, rápidamente cambié mi plan y la dije “no, si quieres yo me despierto a las 6:30 y tú puedes entrar en el baño a las 7:30″ (otra de las chicas ya había pedido usar el baño en la franja intermedia de las 7). Ella lo agradeció y se fue a su cuarto. Mi primer pensamiento (siendo honesta) fue “uff, que pronto me voy a tener que levantar”, mi segundo pensamiento fue “¡wow! ¡estoy sembrando en mí misma al despertarme tan pronto! estoy sembrando el poder servir a mi compañera de piso dejándola dormir una hora más, estoy sembrando al desarrollar paciencia y estoy sembrando al renovar mi mente y recordarme a mí misma de que mi vida se trata de Su reino y no de mi comodidad”

El meditar en la manera en la que glorificamos la cosecha (y ojo, no estoy diciendo que no debamos glorificar la cosecha, El Padre, Hijo y todos los ángeles mismos celebran la cosecha desde el cielo y yo también quiero celebrar con ellos) me ha llevado a preguntarme a mí misma: ¿Cómo sería mi vida si diariamente celebrase cada vez que siembro y riego como si estuviese cosechando?

¿Te imaginas si celebrases después de hablarle a alguien de Cristo de la misma manera que celebras cuando alguien le da su vida a Él? ¿o te imaginas celebrar cada vez que tienes la oportunidad de sembrar y regar en ti mismo? Creo que hay mucha más celebración en el cielo de lo que nos imaginamos. Creo que Dios celebra cada vez que escogemos amar, cada vez que compartimos nuestra fe (y no sólo cuando alguien hace “una oración de salvación”), cuando contestamos bien a alguien, cuando escogemos honrar a alguien, cuando oramos por alguien (aunque no veamos el fruto inmediato de nuestra oración). Al fin y al cabo, Él está sentado en lugares celestiales, fuera del tiempo y del espacio. Él es el principio y Él es el final y ve la consecuencia de cada una de nuestras acciones. ¿Y nosotros? Nosotros estamos sentados en lugares celestiales y tenemos la invitación de ver como Él ve y celebrar como Él celebra (Efesios 2:6).

Su bondad es visible

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Los últimos dos meses han estado llenos de transición. Me he mudado de un lugar cómodo a una nueva ciudad. De un lugar donde un 90% de la gente a la que veía eran Cristianos apasionados, a un lugar donde el 0.01% son Cristianos. Una vez más he visto la fidelidad de Dios en todo: en la gente que ha puesto en mi camino, en Su provisión, en puertas abiertas para ministrar y traer Su reino y en Su dulce presencia que nunca ha parado de acompañarme.

El otro día iba andando por la calle aquí en Barcelona con mi amiga Carla y no se en qué estaba pensando que me hizo decirla:
-¡Tia (aquí en España nos llamamos “tía” o “tío” los unos a los otros), quiero ver a cada persona enferma ser sanada!
Carla me contestó sencillamente:
– bueno, pues podemos orar por la próxima persona enferma que veamos ¿no?
Justo en ese momento venía caminando hacia nosotras un señor mayor encorvado con su bastón. Así que la dije a Carla:
– mira…¿oramos por este?

Nos acercamos al Señor, llamado Enrique, y le preguntamos si podríamos orar por él. Él felizmente y con una gran sonrisa, nos contestó
– no hijas, no hace falta, si yo rezo todos los días.
– bueno, ¿nos dejaría orar igualmente? – le contestamos.
– está bien – dijo Enrique – pero tengo que seguir andando que si me paro me duele más.

Pusimos nuestras manos sobre su espalda y mientras él seguía caminando y nosotras caminábamos junto a él, hicimos una oración rápida. La primera vez que oramos, no sucedió nada, así que le preguntamos si podíamos volver a orar. Volvimos a orar y de repente el Señor Enrique se paró.

– ¡siento calor en la espalda! – dijo – y uyyyy ¡que blandito me siento! ¡me duele muchísimo muchísimo menos! ¿Será que Dios os escucha a vosotras más que a mí? ¡yo rezo todos los días! ¿me podríais apuntar lo que habéis rezado?
– Bueno Señor Enrique, nosotras no hemos hecho ninguna oración aprendida – le dije – simplemente hemos hablado con Dios como se habla con un amigo y Dios le ama tanto que quiere sanarlo.

Aunque no pudimos presentarle el mensaje claro del evangelio, él se encontró con un Dios vivo y personal. Desde entonces he vuelto a ver al Señor Enrique y siempre me saluda y me deja orar por él. Poco a poco, el Reino avanza y se extiende como la levadura.

Da igual en que país estemos, en que situación, con que tipo de gente, Su Reino se extiende. Da igual cuanto dinero tengamos, nuestro nivel de influencia o nuestras posiciones de liderazgo, él anhela extender Su Reino a través de nosotros. Y es sencillo. Traer Su Reino no tiene que ser algo complicado. Simplemente se trata de ser conscientes de Su presencia y “detenernos por el de enfrente” (como dice Heidi Baker).