Un nuevo nombre para Dios

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A lo largo del Antiguo Testamento tenemos múltiples historias en las que Dios hacía algo para el pueblo de Israel para enseñarles quien era Él. Dios hacía algo y ellos aprendían “este es nuestro Dios…el que hace tal cosa”. Por ejemplo: en Éxodo 17 Dios les ayudó a ganar una batalla y por consiguiente el pueblo aprendió que Dios era “Jehová Nissi” (nuestra bandera) y en el desierto cuando Dios les prometió que podrían caminar sin que sus pies se quemaran recibieron la revelación de que él era Jehová Rafa (el sanador). Después de que Dios les revelaba algo de su carácter, ellos pasaban de tener una imagen un tanto limitada de Dios a tener una imagen aunque sea un poquito más grande y podían por lo tanto acercarse a él con esta nueva visión de quien era él.

Creo que esto nos pasa a muchos de nosotros: quizás aprendamos que Dios es el proveedor porque hemos visto como ha provisto pero cuando nos enfrentamos a otra situación, una enfermedad por ejemplo – aunque puede que hayamos escuchado que él es el sanador – al no haberlo experimentado de primera mano empezamos a dudar. Pues bien, estos últimos meses Dios me ha enseñado de primera mano que uno de los nombres que había escuchado de él es real.

Todo empezó hace seis meses cuando llegó una chica Venezolana a la iglesia con su hermano de dieciséis años, nos contó que había huido de Venezuela como muchos otros Venezolanos y que había encontrado un sitio donde quedarse pero que en dicho sitio su hermano no podría quedarse. Mi marido y yo oramos y decidimos meterlo en nuestra casa mientras la hermana encontraba trabajo y rehacía su vida. Resumiendo una larguísima historia, a las pocas semanas, la chica nos llamó de camino al aeropuerto informándonos de que regresaba a Venezuela. Para los que no lo sepan: mi marido y yo estamos en fase de recién casados, queremos servir a Dios y anhelamos hacer lo que él quiera que hagamos pero si somos sinceros nunca nos imaginábamos que eso sería ser padres de un adolescente a los tres meses de casados. Con la noticia de la partida de la hermana los dos oramos seriamente: ¿Qué hacemos con este chico? No es mal chico pero por un lado no es creyente y nosotros no estamos en casa todo el tiempo para poder estar atentos de él y por otro lado lo que él necesita es una familia que esté en casa cuando él llegue de la escuela y le ayude con los deberes. Después de orar, mi marido sintió fuertemente que debíamos tenerle cinco meses y ayudar a integrarlo en la sociedad. Así que eso hicimos: encontramos una escuela, compramos el uniforme y los libros, le apuntamos a clases de inglés, intentamos ayudarle con matemáticas (fracasamos en este intento)…de noche a la mañana nuestra vida cambió y lo hicimos con gozo porque sabíamos que Dios había hablado. Como os podéis imaginar, además de hacerlo por obediencia, poco a poco nos empezamos a enamorar de este chico: venía de un contexto en el que nunca había tenido que estudiar, nunca había tenido que obedecer reglas y nunca había tenido que limpiar. Decir que nos sorprendió lo rápido que se adaptó no describe realmente lo que sentimos ¡este chico era (y es) excepcional! A pesar de estar varios cursos escolares por detrás del nivel escolar en España, ha puesto todo su empeño en intentar adelantar y avanzar.

El problema llegó cuando pasaban los meses y no encontrábamos familia para Él. Sabíamos que Dios nos había dicho que lo cuidásemos cinco meses, sin embargo pasaban los meses y la hermana no regresaba. Preguntamos a varias familias de la iglesia – de hecho llamamos a muchos pastores por todo el país en busca de una familia – pero nadie podía acogerlo. En España hay muchas leyes para proteger a niños menores de edad y si el gobierno oye de que tienes a un niño que no es tuyo pueden denunciarte y quitarte el niño de una manera bastante violenta y aunque nosotros sabíamos que esto no nos iba a pasar (porque teníamos una palabra clara del Señor), nadie más sentía de Dios tomar este paso arriesgado. Después de cuatro meses y medio empecé a hacer lo que nunca había imaginado: empecé a llamar a casas de acogida y orfanatos. Con cada llamada tenía el corazón en el pecho, era lo último que queríamos hacer y no tenía nada de sentido ¿porqué protegería Dios a un chico de una manera tan sobrenatural para luego dejarlo en un orfanato? Cuando ya habíamos perdido toda la esperanza pasó lo inesperado: una familia vino a hablar con nosotros. Nos dijeron que habían estado orando por este chico y con lágrimas en los ojos, nos dijeron que querían ayudar. La única condición que pusieron es que querían que el gobierno lo supiese y que tenerlo en su casa fuese totalmente legal. ¡Wow! No podíamos creer que alguien quisiese acogerlo de manera permanente y aunque estábamos increíblemente agradecidos, la realidad es que yo ya había hablado con múltiples instituciones y ONG’s y todos me habían dicho lo mismo: – en cuanto sepan que no eres familiar y que no tienes custodia te lo van a quitar. No obstante era la única opción que teníamos, así que llamé a servicios sociales y pedí cita para hablar con un educador social y así “confesar nuestro gran pecado”.

Llegó el día de la cita – el chico ya llevaba cuatro meses y tres semanas en casa y en una semana más mi marido y yo salíamos de viaje y no podíamos dejarlo en casa aunque quisiésemos, así que me preparé para salir para mi reunión con servicios sociales y antes de salir me senté para leer la Biblia. Llevo varios meses siguiendo un plan de estudio bíblico y ese día me tocaba leer el Salmo 68. Lo abrí y leí la frase “Padre de huérfanos…hace habitar en familia a los desamparados” y pensé “Señor, quiero creer que esto es verdad…ayúdame a creer que esto es verdad”. Salí de mi casa repitiéndome estas palabras con más incredulidad en mi mente que fe – Dios le había revelado esto a otros, ¿será que también podía revelármelo a mí?. Llegué al centro de servicios sociales y me senté en la oficina con la encargada de menores: le conté todo sin dejar ni un solo detalle fuera y le dije “tenemos unos amigos de la iglesia que quieren acogerlo y asumir toda la responsabilidad”, ella me miró y me preguntó: “¿qué iglesia”. Aquí en España mucha gente piensa que si no eres católico estás en una secta peligrosa y el admitir que no era una iglesia católica en mi mente era un riesgo aún mayor, pero decidí ser honesta así que le dije la verdad y le conté a que iglesia asistíamos, muy para mi sorpresa ella me dijo: “mi mejor amiga se casó con un pastor y viven en Estados Unidos, lleva años intentando convencerme de que vaya a esta iglesia tuya”. Me dio una gran sonrisa y me dijo que este chico había tenido muchísima suerte de encontrar no solo una familia que le ayudase sino dos! y que ella iba a hacer todo lo posible para que no nos lo quitasen y que además nos diesen todos los permisos para que la otra familia lo tuviese. ¡No me lo podía creer! Había escuchado y había leído que Dios era el Padre de los huérfanos, que ponía a los solitarios en familias pero no lo había visto de primera mano. Ahora, al igual que los Israelitas, tengo un nuevo nombre para Dios “el Padre de los huérfanos”. Él verdaderamente es quien dice Su palabra que es y aunque se (porque a estas alturas de la vida me conozco) que llegarán momentos en los que tenga temor y dude de otros aspectos de su carácter que no he visto de primera mano, se que él es el Padre de los huérfanos y él pone al huérfano en familias.

Dios anhela trabajar con nosotros

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Hace unos días me escribió mi amiga Sophie para preguntarme si quería unirme con un grupo de amigas a la mañana siguiente para salir y hacer evangelismo. Lo que solemos hacer es orar y pedirle a Dios que nos guíe para hablar con las personas que él ha preparado. Le pedimos que nos diga cosas específicas sobre las personas – qué necesidades tienen, qué aspecto físico, qué ropa llevan – y las apuntamos en una lista, luego salimos a la calle en busca de las personas en nuestra lista y nos acercamos a estas personas para orar por ellas y hablarles de Cristo. Esta vez en particular, cuando me escribió Sophie, estaba metiéndome en la cama con un pequeño dolor de garganta y sin saber muy bien si me despertaría con fuerzas para salir.

A la mañana siguiente me desperté mal. Sentía que tenía fiebre, me dolía la garganta y tuve que abrazar la realidad: el resfriado que ya había tenido medio Madrid me había alcanzado. Así que, todavía en la cama y con fiebre, le escribí un mensaje a mi amiga Sophie para decirla que no iba a ir. No obstante, todavía en la cama y fiebrosa, le envíe un mensaje rápido con una pequeña lista con cosas que podían buscar cuando saliesen a la calle. Realmente tenía fiebre, no me encontraba bien y ni siquiera pasé tiempo esperando en Dios, sino que escribí lo primero que me vino a la cabeza y luego seguí durmiendo:

– Alguien con un jersey de cuello alto rojo.
– Una mujer llamada Norma
– Dolor de espalda inferior
– Necesidad de reconciliación familiar.

Unas horas más tarde, cuando ya me había levantado, Sophie me envió otro mensaje: -“encontramos a la mujer del jersey rojo, pero no encontramos a Norma ni a nadie más. Gracias igualmente por la lista”.

Yo no le di mucha importancia al hecho de que no hubiesen encontrado las cosas en mi lista. A veces al intentar oír de Dios le oímos con claridad y otras veces tomamos pasos de fe y metemos la pata, eso es parte de “salir de la barca” y aprender. En esta ocasión, no me sorprendió para nada “no haber acertado”, al fin y al cabo ¡tenía fiebre!

Esa noche – después de haber pasado más de ocho horas – me volvió a escribir Sophie. Esta vez, me escribía desde el aeropuerto, ya que estaba saliendo de viaje:

– “¡Jaz! ¡no vas a creer lo que ha pasado! ¡Estoy en el aeropuerto y he conocido a Norma! La pregunté si tenía problemas de espalda inferior, me dijo que sí, me dejó orar por ella y fue totalmente sanada. Luego la pregunté si necesitaba restauración en su familia y también me dijo que sí, lloró mientras me habló sobre ello y pudimos orar juntas. ¡Gracias por enviarme la lista!”

Es increíble cuanto ama Dios a la gente. Les ama tanto que usará hasta un burro para hablarles…en esta ocasión, a alguien en la cama con fiebre. No sólo usó a alguien que estaba fiebrosa y enferma, sino que él sabía que horas y horas más tarde coincidiría Sophie en el aeropuerto con Norma y que “la fiebrosa” estaría en contacto con Sophie a lo largo de la mañana….¡increíble! Creo que a veces nuestra mente y nuestras fuerzas se meten en medio de nuestra habilidad de realmente escucharle con claridad. En esta ocasión mi mente no se pudo interponer porque no tenía la habidas para hacerlo. Muchas veces Intentamos discernir si estamos oyendo de Él o no y discutimos con nuestra mente (¿o seré yo la única que lo hace?) en vez de simplemente tomar el paso de fe. En este caso, el hecho de estar enferma me hizo no pensar y simplemente enviar un mensaje rápido y Dios, en su misericordia y soberanía lo usó para tocar a alguien de quien está locamente enamorado.

El más humilde

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Hace unas noches salimos a la calle en Turquía para alabar y orar. Poco a poco nuestra música empezó a atraer a diferentes personas que se fueron acercando para ver que estaba haciendo este grupo ruidoso de extranjeros. Aunque tenemos que tener cuidado como y a quien repartimos tratados, normalmente acabamos hablando con casi todos los que se paran a vernos. Con algunos, nuestras conversaciones son muy limitadas ya que sólo “chapurreamos” los saludos básicos del Turco, mientras que con otros podemos hablar más extensamente en Inglés o con la ayuda de un traductor. En esta noche en especial, acabamos hablando y/o orando por unas quince personas. Hablamos con comerciales callejeros, profesionales regresando a sus casas después de un arduo día de trabajo, familias que salieron a pasear, gitanos…¡todo tipo de personas a las que pudimos invitar a una reunión especial que tendría lugar la noche siguiente! (Gracias a que una iglesia local nos deja usar sus instalaciones, podemos invitar a la gente que conocemos a una pequeña reunión semanal en la que ofrecemos comida típica de España y en la que compartimos un pequeño mensaje o testimonio).

Al día siguiente, nos preparamos para esta reunión semanal. A veces hemos llegado a tener a más de diez personas, mientras que otras veces hemos tenido a penas a dos o tres. Nunca sabemos cuantos vendrán, pero sí sabemos que, venga quien venga, estas vidas son increíblemente valiosas y que es Dios quien las trae. En esta noche en particular llegaron sólo dos hombres, a quienes tratamos como verdaderos invitados de honor. Seguimos nuestro protocolo habitual de compartir un testimonio, sacar comida y pasar tiempo personal con cada persona, compartiendo el evangelio y orando por ellos. Después de varias horas y cuando ya estábamos preparándonos para empezar a recoger, llegó un sin-techo sucio, poco atractivo, que acomplejadamente, mantenía su mirada en el suelo. Le habíamos conocido la noche anterior mientras tocábamos en la plaza, pero realmente no había mostrado mucho interés en venir a la reunión.

Aunque ya no teníamos nada de comer para ofrecerle, le dimos la bienvenido y le invitamos a sentarse. Dos miembros del equipo de España, un traductor y yo agarramos sillas y nos sentamos al rededor de Él.
– “Cómo te llamas” – le preguntamos. – “Mohamed” contestó él (cambio su nombre por motivos de seguridad).
– “Mohamed” – le dije – “Dios me está mostrando que aunque todos a tu al rededor han perdido la esperanza, Él ha puesto una esperanza en ti que nunca ha muerto. Tú siempre has sabido que algo bueno vendría, a pesar de las dificultades”  – “Sí” contestó Mohamed “¡es verdad! Yo se que Dios siempre ha estado conmigo”.
– “Mohamed” – continuó mi amigo Rodri – “¿por casualidad tiraron agua hirviendo sobre ti cuando eras pequeño?” – A Mohamed se le pusieron los ojos como platos y empezó a asentar la cabeza, – “Sí” contestó “pero yo, yo creo en Dios, él siempre ha estado” – dijo rápidamente, casi como intentando defenderse, mientras seguía con su mirada puesta en el suelo.
– “Mohamed” – seguí yo – “aunque Dios siempre ha estado contigo y su mano siempre ha estado puesta sobre ti, nosotros no podemos llegar a él con nuestros esfuerzos. Nosotros estamos en un lado y a veces pensamos que si hacemos muchas cosas buenas podremos crear un puente para llegar a Dios, pero no podemos. Si yo tengo una botella de agua limpia y le pongo una gotita de veneno, todo el agua estará envenenada. Lo mismo pasa con nosotros, de igual si hacemos muchas cosas buenas, ya estamos sucios por nuestra maldad. Isa (Jesús en Turco) es el puente para llegar al Padre.  – “Yo quiero darle mi vida” – dijo Mohamed.
– “Mohamed” – siguió mi amiga Glenda – “¿hiciste algo en el pasado por lo que te condenas a ti mismo? – Mohamed asintió la cabeza y miró fijamente al suelo. – “Sí” contestó él. “Sí”. Al instante Rodri empezó a decir en voz bajita y en Español – “wow, Dios me está mostrando como en el pasado él mató a alguien”.
– “Mohamed” – dije yo – “¿quieres perdonarte a ti mismo y recibir el perdón del padre?  – “Sí” contestó Mohamed.

Rápidamente le permitimos al traductor que le guiase a hacer una oración en la que se perdonaba a él mismo, le pedía perdón a Dios por sus pecados y aceptaba a Cristo como Su señor y salvador. Después de que orase le preguntamos como se sentía. Aunque Mohamed seguía lleno de complejos y aunque seguía siendo evidente que la vida no le había tratado muy bien, Mohamed empezó a levantar la mirada del suelo y empezó a mirarnos a los ojos. “Me siento bien” – contestó –  “siento mucha paz y siento gozo”.

La noche anterior, cuando habíamos estado cantando en la calle, muchas personas dijeron que vendrían a nuestra reunión. Familias prósperas, autónomos, comerciales,etc, pero Dios trajo al “más humilde de ellos” (Mateo 25:40 PDT). Al pobre, desamparado, en quien nadie se fija.  Cristo vino para sanar a los afligidos, liberar a los prisioneros, para consolar a los que están tristes…y ellos (los afligidos, prisioneros y tristes) reconstruirán las ruinas antiguas y levantarán lugares que fueron destruidos. (Isaías 61)

Nuestro Dios, grande en amor e inmenso en misericordia, escoge edificar usando vidas en ruinas. No hay persona demasiado rota, quebrantada o difícil para Él. Él nos ve, con nuestros complejos, nuestras vidas complicadas, nuestros pasados y nuestro pecado y nos escoge para Su reino. Te animo a mirar a tu al rededor y ver con Sus ojos de constructor amoroso. Mira y ve más allá a las personas en las que el resto del mundo se ha dado por vencido, a la gente a quien nadie valora, al pobre, al rechazado, al sucio y al mal oliente. Para nuestro padre, el más humilde tiene un valor incalculable.

Un héroe anónimo

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Hace años Dios me permitió empezar a invertir en algunas regiones con iglesias perseguidas, es una de mis pasiones poder ser parte de edificar a la novia de Cristo y ver como esta se levanta sin mancha y sin arruga en tantas naciones del mundo.

Hace varias semanas volví de uno de estos países y varios me han estado pidiendo que escriba y comparta como me fue. Tras varias semanas de estar pensando en qué escribir, he decidido contar la historia de la hermana Mai.

Mai perdió a su marido cuando su hija más pequeña tenía apenas cuatro meses, no tenía familia en la región y en estos países no hay ninguna ayuda gubernamental para mujeres viudas – de hecho ni siquiera existe trabajo para mujeres. Rápidamente se puso manos a la obra y empezó a vender sopa de fideos en la calle, al poco tiempo pudo comprar un pequeño terreno en medio de la selva. Con el paso de los años pudo comprar aun más terreno y décadas más tarde alguien vino tocando a su puerta queriendo alquilar su terreno. Poco a poco, más y más granjeros llegaron a esta región y hoy el terreno de Mai está lleno de cultivos.

Tengo que admitir que aunque sí quería ir a ver su terreno y aunque sí había escuchado buenas cosas acerca de esta mujer, nada me podría haber preparado para esta visita.

Después de estar ministrando tres días, un hermano de la iglesia vino a recogerme en su pequeño moto/taxi y nos dirigimos hacia la salida de la ciudad. Condujimos varios kilómetro hasta llegar a unos caminitos de tierra. Después de pasar varios kilómetros por estos caminos, llegamos a lo que nos indicaron como la tierra de la hermana Mai. Todavía en el taxi, condujimos kilómetros y kilómetros, pasando entre cultivos de verduras, flores y fruta hasta llegar a una pequeña casa al final del camino.

Cuando me bajé del pequeño taxi y puse mis pies sobre la tierra, automáticamente sentí la presencia de Dios. Mai – que ahora tiene 74 años – vino corriendo hacia nosotros y nos abrazó, sus ojos brillaban con su pasión por Cristo y empezó a hablar a mil por hora. Aunque sólo nos podíamos comunicar con un traductor, ella me cogió de la mano y empezó a llevarme a ver sus instalaciones. En los últimos años, había mandado construir una pequeña cocina para poder alimentar a unas doscientas personas, había puesto un pequeño tejado sobre asfalto para que un número similar se pudiese sentar en el suelo y escuchar el mensaje de Dios y había puesto unas 4 letrinas (los cuales ella insiste en limpiar durante los eventos)….no paraba de contarnos todos sus sueños e ideas para seguir construyendo.

Lo increíble de la hermana Mai es que aunque ahora es una de las mujeres más ricas de la ciudad, nos enseñaba su terreno con su camiseta agujereada y con sus manos sucias de trabajar la tierra. Con cara reluciente, nos llevó a la pequeña habitación donde duerme en el suelo mientras nos contaba todo lo que iba a hacer en su terreno: -“sólo hemos visto el comienzo de un avivamiento” – Dijo Mai – “y tenemos que tener más sitio para todos los que van a conocer a Cristo”. Mientras nos daba su guía turística, la dije “hermana Mai, ¿usted se da cuenta de lo fuerte que está la presencia de Dios aquí?” – “Sí” contestó ella “cuando tenía mis cuatro niños pequeños y sólo teníamos unos metros de este terreno, pasó por aquí una misionera buscando sitio donde quedarse. La dejé dormir aquí en mi terreno y todas las mañanas mientras estuvo aquí, se despertaba y clamaba por la tierra, pidiéndole a Dios que fuese un lugar de avivamiento”. Nos llevó al lugar donde apenas unos meses antes, casi 30 jóvenes habían dado sus vidas a Cristo tras tener visiones del cielo y del infierno. La presencia de Dios era tan fuerte en este lugar, que mi cuerpo literalmente no sabía como reaccionar, me encontré a mí misma riéndome y llorando, de pie y luego de rodillas. Verdaderamente era un lugar santo.

Dios trajo una fuerte convicción a mi vida a través de la visita a este terreno. Cuántas veces vivo preocupada por finanzas o calculando lo que me podré comprar el mes que viene y esta mujer – con su camiseta agujereada – no paraba de sonreír mientras hablaba de como “el mes que viene cuando me llegue el siguiente dinero, podemos extender esto por este lado…miles le van a conocer aquí”. Pude ver en primer plano lo que significa “buscar primeramente el reino de Dios” y ver como todo lo demás es añadido. Esta mujer supo, no sólo vivir con las manos abiertas, dando todo al Rey, sino también honrar la presencia de Dios sobre todas las cosas.

Quizás ahora duerma en el suelo, con unas pocas camisetas; quizás limpie letrinas durante los eventos evangelísticos y se ensucie las manos, pero tiene una corona mucho más grande de lo que jamás podremos ver en este lado de la eternidad. Ella ha entendido que verdaderamente todo se trata de Él. Hay un precio que merece la pena ser pagado para realmente honrar Su presencia – cuesta todo. Cuesta nuestra comodidad, cuesta nuestra energía, incluso cuesta nuestras dudas. Mai podría haberle reclamado a Dios la vida de su marido, pero en vez de ahogarse en auto-lástima, extendió su mano, soltando sus preguntas y dándolo todo al Rey. El único digno de gloria.

Dejándole ser rey de nuestro tiempo

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El otro día paré en una gasolinera con mi amigo Andy. Al entrar Andy empezó a hablar con la mujer que estaba detrás del mostrador – “¿Qué ha pasado con su nieto?” – le preguntó Andy. El rostro de la mujer cambió cuando reconoció a Andy. Se le pusieron los ojos como platos y dijo: – “¡No te lo vas a creer! Los médicos le abrieron y no han encontrado nada. Su corazón está perfecto. Ha sido un miagro del cielo ¡se que lo ha sido!”.  A continuación, la mujer salió de detrás del mostrador y empezó a enseñarnos fotos en su celular de un precioso bebé recién nacido. Andy y esta mujer terminaron su conversación, se dieron un abrazo y salimos de la gasolinera.

Una vez en el coche, Andy empezó a contarme toda la historia. Dos semanas antes, Andy había parado en esta misma gasolinera con otro amigo. Mientras pagaban por la gasolina, no pudieron evitar escuchar la conversación entre la mujer de la gasolinera con su compañera de trabajo: -“¡Que dolor de espalda tengo hoy!” – dijo esta mujer. Andy miró a su amigo y su amigo le dijo en voz baja: – “Andy, ¡no tenemos tiempo! sabes que ya llegamos tarde”. Pero Andy no pudo resistirse: -“Perdone” dijo Andy a la mujer que estaba detrás del mostrador – “somos Cristianos y hemos visto como Dios ha sanado a mucha gente en el pasado. ¿Te importaría si oramos por su espalda?”. La mujer se quedó mirándoles fijamente y dijo. “La verdad, prefiero que oréis por mi nieto. Acaba de nacer y tiene muchos problemas de corazón. Mañana le van a operar para intentar hacer un arreglo temporal, pero igualmente va a necesitar un transplante”. Los dos chicos procedieron a hacer una oración rápida y salieron de la gasolinera.

Al entrar en el coche, el amigo de Andy le dijo: – “Andy, perdóname. Por andar con prisas yo no quería parar y orar, pero esta oración no ha tardado ni cinco minutos y quien sabe lo que puede haber hecho”. A penas dos semanas después tuve el privilegio de ver la respuesta de Dios a estos tres minutos de oración. El niño quedó totalmente sano, los médicos quedaron sorprendidos y esta mujer – que todavía no conoce a Dios – estaba dándole toda la gloria a Dios y admitiendo que fue un milagro del cielo.

Tantas veces vamos con prisa y “no tenemos tiempo” para mirar a nuestro al rededor y ver donde es que Dios se está moviendo ¿Qué pasaría si cediésemos nuestras agendas y horarios? ¿Qué pasaría si diésemos sólo tres minutos al día para traer el reino de Dios a la tierra? La mayoría de nosotros, creamos tiempo en nuestras agetreadas agendas para “tener nuestro devocional” (pasando tiempo con Él por la mañana o por la noche antes de dormir) pero no somos campaces de dejar que Él sea el dueño de nuestro tiempo a lo largo del día. Muchos le damos nuestra vida, pero nos cuesta darle nuestro tiempo.

Quiero retarte a ti – y retarme a mí misma – a parar, mirar y amar a la gente a nuestro al rededor. Sin horarios, sin agendas y sin intenciones más allá que amar y traer el reino de Dios a la tierra. Al fin y al cabo, si buscamos primero su reino, todas nuestras preocupaciones y “que-haceres” serán añadidos por Él. (Mateo 6:33)

La primavera está llegando

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enía otra cosa en mente para el siguiente post en mi blog, pero sucedió algo hace unos días demasiado bueno para no compartir.

Hace tres días entré a una tienda con una amiga con el propósito de recibir una palabra de parte de Dios para la mujer que estaba trabajando allí. Después de dar una vuelta y mirar los artículos de la tienda, ninguna de las dos teníamos una palabra fuerte para ella, pero sentimos decirla que nos gustaba su corazón de Madre. Así que, cuando fuimos a salir de la tienda y ella nos dijo su “gracias por venir” habitual, nosotras la contestamos “antes de irnos, sólo queríamos decirte que somos creyentes y que nos encanta el corazón de madre que tienes”. De repente se le pusieron los ojos como platos y dijo:

– ¿Hacéis reiki?
– No – contestamos nosotras – preferimos movernos con el Espíritu Santo.
– ¡Ah! pues deberíais probar reiki – dijo ella – no se opone al Espíritu Santo y puede que funcionen bien juntos.
– Um…¿pues qué te parece si oramos por ti y así puedes sentir al Espíritu Santo y comparar los dos a ver que te gusta más?
– ¡Vale! – dijo ella – ¿qué tengo que hacer?

Oramos por ella y empezó a sentir el calor de Dios. Nosotras la explicamos, que cuando sientes la presencia de Dios, siempre está saturado de Su amor, porque Dios es amor. Luego la preguntamos si tenía problemas de espalda a lo que sorprendida, dijo que sí. Pudimos orar por su espalda ¡y fue totalmente sanada! Después nos preguntó:

– ¿Cómo sabíais que tenía problemas de espalda?
– Bueno – contestamos nosotras – hablamos con Dios y Él nos lo dijo.
– Ah – dijo ella – ¿podríais preguntarle como se llama mi angel de la guarda?
– Bueno, podríamos preguntárselo – dijimos nosotras – pero una vez que tienes una relación con Dios, no te importan los ángeles. Sabes que están allí, pero estás tan enamorada de Dios que no te molestas en hablar con los ángeles. Sería como hablar con un perro cuando tienes un amigo delante.
– Uff – contestó ella – yo he pensado en hablar con Dios pero me da mucho miedo.
– Sí, Dios da mucho miedo – dijimos nosotras – pero es porque es perfecto. Nosotras no podríamos hablar con Dios si no fuese por Cristo.

Luego proseguimos a explicarla como todos somos pecadores y necesitábamos un intermediario para poder acercarnos a Cristo. La dijimos que Dios tuvo que hacerse hombre para que nosotros pudiésemos conocerle.

– ¿Sabes cuál es la diferencia entre todas las religiones del mundo y el Cristianismo? – la pregunté – En todas las religiones del mundo te estás esforzando para agradar a un Dios o para cambiarte a ti mismo, y el Cristianismo es la única religión del mundo que admite que nunca podremos. Otras religiones se esfuerzan para alcanzar a alguien, pero Dios se hizo hombre y vino al mundo para alcanzarnos a nosotros.
– Wow – dijo ella – nunca lo había pensado así, pero ¡es verdad! ¿qué tengo que hacer para conocer a Cristo?

Pudimos decirla que tenía que pedir perdón por sus pecados y aceptar a Cristo como salvador. La dimos un evangelio, oramos con ella y la dimos nuestro teléfono. ¡gloria a Dios!

Quería contar esta historia, no sólo para celebrar una gran victoria y una fiesta en el cielo, sino también porque creo que es un testimonio más de que es el tiempo para España. Estamos empezando a ver los brotes verdes de la primavera. Cosas que han sido profetizadas y declaradas durante años están empezando a suceder; cosas que yo honestamente pensé que igual, si Dios era muy muy bueno, mis hijos o nietos podrían algún día ver….¡y lo estamos viendo ahora!

Tenemos el mandato de “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15). Puede sonar como una misión muy grande, pero no lo es. El verbo “ir” en el Griego original, no se refiere tanto a “hacer las maletas y salir a otro país” sino que es “mientras vas”. Mientras vas a clase trae el reino, mientras estás en el trabajo, mientras cenas con la familia…mientras vas a una tienda, predica el evangelio a toda criatura.  “A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos.  Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros á su mies” (Mateo 9:37 y 38).