Vivir sin un plan B

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Hace unos meses Chisco y yo hicimos el Camino De Santiago junto con un grupo de amigos. El Camino De Santiago es una ruta de peregrinación cristiana de origen medieval que se encuentra en el norte de España. Obviamente, nosotros no estábamos caminando a modo de peregrinación, sino por salir de la ciudad, hacer deporte y estar con amigos. Es por ello que no teníamos la obligación moral de hacer el camino desde el comienzo, sino que comenzamos solo 120km antes de llegar a la ciudad De Santiago. Nuestro plan era partir desde la frontera de Portugal y llegar hasta la ciudad al sexto día. Si soy sincera, no entrené ni me preparé físicamente para realizar el camino, sino que me lancé a la aventura asumiendo que mi cuerpo podría con ello. Aunque éramos varias familias caminando juntos, simplemente por la velocidad y la zanjada, varios días acabé caminando al lado de mi amigo Manny. Los primeros cuatro días, daba igual lo que sentían nuestros músculos, sabíamos que teníamos que llegar a la meta establecida para ese día. Había momentos que nos dolían las rodillas o la espalda, pero seguíamos para adelante sin considerar parar. Parar simplemente no era una opción y por lo tanto, lo que sintiese el cuerpo “no era importante”. El quinto día sin embargo, sucedió algo muy interesante: llegó la madre de Manny en coche para llevar las mochilas de todos de albergue en albergue, y así acabar el último día en Santiago y llevar a Manny a casa en coche. Lo interesante de esto es que, durante los últimos dos días del camino, el simple hecho de saber que en el peor de los casos, alguien podría venir a recogernos en coche, nos hizo mas conscientes de nuestros dolores y lesiones. Las rodillas me dolían más que nunca y había una pequeña voz interna que me decía: “si llueve mucho, siempre te pueden venir a recoger”. 

Toda esta experiencia me recordó a algo que escuché hace unos años. No recuerdo si era una entrevista a Reinhard Bonnke o a Billy Graham (no se exactamente…pero se que era a uno de estos “grandes” en la fe), en la que le preguntaron cómo había llegado al final de sus días todavía tan enamorado de Jesús. Su respuesta fue sencilla pero real al decir: 

 - simplemente no había otra opción.

Creo que entender esto es clave. Al igual que Manny y yo que empezamos a preguntarnos si seguir caminando en cuanto teníamos la opción del coche de su madre, cuando no tenemos un plan B al seguir a Cristo, seguimos caminando. Venga lo que venga y pase lo que pase. Creo que esto era a lo que se refirió Jesús cuando le dijo a aquellos que querían seguirle que debían contar el costo. El nunca manipuló a nadie para seguirle, dijo claramente: “te va a costar todo, cuenta el costo antes”. Cuando nos damos cuenta de que nos va a costar todo, caminamos con lluvia y sin lluvia, con dolor de rodilla o sin dolor de rodilla. ¿Por qué? Porque no hay un plan B. El plan A es seguirle y el plan B también, y si viene un “coche” y nos ofrece llevarnos a otro lado, lo ignoramos, porque no es parte del plan.

El otro día pasé caminando por la calle y escuché una conversación de unas personas mayores que estaban sentados en un banco: “Esta generación” decía uno de ellos “no sabe aguantar en un matrimonio. Claro, no se casan porque al asomo del primer problema saben que no van a aguantar y se van”. Todo en mí quería sentarse con los viejitos y unirse a la conversación. Tienen toda la razón: esta generación vive con un plan B escondido en su corazón, sin embargo, si nos determinamos a que no va a haber plan B, nuestro plan A será siempre correr a los brazos del Padre. Cuando pase algo que no entendemos: corremos a sus brazos, cuando nos cansamos: corremos a sus brazos y cuando “nos duelen las rodillas”, corremos a sus brazos. 

El Rey David entendió esto cuando dijo: “Puse en el Señor toda mi esperanza; él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor…” (Salmo 40:1). El Rey David estaba diciendo “¡all in! cartas sobre la mesa”. No puso un 90% de su esperanza en el Señor y el otro 10% en su plan B. No había plan B, ni coche para recogerle y llevarle a otro lado. Toda su esperanza estaba en el Señor. Cuando Él es nuestro Plan A y nuestro Plan B y nuestro Plan C…toda nuestra esperanza está en él y ciertamente, él se inclinará y escuchará nuestro clamor.